A 85 años de su sacrificio, la voz del fraile franciscano polaco sigue siendo de gran actualidad: «El odio no sirve para nada... ¡Solo el amor crea!». San Maximiliano Kolbe, fundador en 1917 de la Milicia de la Inmaculada, vivió la primera mitad del siglo XX y dejó una huella imborrable en la historia de la Iglesia (que lo canonizó en 1982) y nos recuerda que, incluso en las tinieblas más oscuras, siempre es posible elegir el amor.
En julio de 1941, tras la fuga de un prisionero, los nazis ordenaron, como represalia, la condena a muerte de diez reclusos en el llamado «búnker del hambre». Uno de los elegidos, Franciszek Gajowniczek, rompió a llorar al pensar en su mujer y sus hijos: en un gesto de extraordinaria y heroica caridad, el padre Kolbe se ofreció voluntariamente a morir en su lugar.
Durante dos semanas, en el «búnker del hambre», Kolbe siguió consolando a sus compañeros hasta el 14 de agosto de 1941, víspera de la Asunción, cuando fue asesinado con una inyección de ácido fénico. Sus últimas palabras de amor y perdón dirigidas al verdugo fueron «Ave María».
© San Maximiliano Kolbe – Archivo de «Il Messaggero di Sant’Antonio»